MERCADO DE SAN JUAN

 

El tiempo parece detenerse en los pasillos iluminados con focos fluorescentes del mercado de San Juan; Cualquier cosa comestible del mar o la tierra puede encontrarse en este mágico lugar.

Al mas puro estilo de Harry Potter en busca de la perfecta barita mágica, los chef de México caminan sus coloridos laberintos en busca del ingrediente exacto.

El sonido del festín gastronómico invade todos los rincones con los ocupados  mercaderes que cortan, lavan, pesan y  mezclan.

La abundancia de color es intoxicante: Peces rojos iluminados por un tímido rayo de luz que ingresa por una grieta en el techo, pimientos verdes ocultos en la oscuridad, enormes cartulinas naranjas ofreciendo “Producto fresco”, cestos cafés que cuelgan del techo, mangos amarillos y café.

Hay una esquina particularmente atractiva para los amantes del arte culinario, se trata de una pequeña tienda que recibe a los visitantes con vino tinto servido en pequeños vasos de plástico, escondido detrás de cientos de quesos de todas partes del mundo y fiambres, uno imagina que alguien estará preparando unas maravillosas tapas.

Desde queso brie hasta jamón de jabugo, después del primer mordisco es fácil olvidar que aquel pedazo de cielo costo $60 pesos y se come al pie de lo que es, probablemente, la tienda delicatessen más pequeña y mejor surtida del mundo.
 
Es urgente probar sus postres: Un pequeño pan servido con queso mascarpone, miel y nuez, la conclusión perfecta.

La siguiente parada en este maravilloso viaje gastronómico se encuentra a la vuelta, el café “Triana”. Don Pablo, un hombre de sonrisa amplia, ofrece un magnifico café de Veracruz, es recomendable probarlo a la “Italiana”.

El mercado de San Juan se localiza en el centro de la Ciudad de México es recomendable tomar un taxi y asegurarse de que regrese un par de horas después. 
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